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| Sunday, 14/12/97 |
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DESAFÍO EN EL HIMALAYA Los hermanos Martínez Novas relatan su experiencia en las cumbres del Nepal
"Ante una avalancha no pasas miedo"
Tres montañeros gallegos han permanecido 110 días en la cordillera del Himalaya intentando la ascensi6n a 4 de las 14 cumbres más altas del planeta. En esta primera fase del proyecto "Galicia, desafío 8.000", José Antonio y Jesús Martínez Novas, junto a Alejandro Rocha, hollaron la cima del Dhaulagiri (8.172 metros) y del Cho-Oyu (8.201 metros). Una gigantesca avalancha les obligó a dejar para el próximo año el Annapurna y el resto de ochomiles. Los hermanos Martínez Novas cuentan su experiencia en el siguiente reportaje.
JAIME CONDE. Vigo
Se sienten fuertes y con ganas de volver a los pies de la Diosa de la Plenitud ('Annapurna', para los nepalíes). José Antonio y Jesús Martínez Novas no pierden el hechizo que sobre ellos ejercen las montañas. Por eso, han buscado un lugar limítrofe a su Porriño natal para instalar su vivienda cerca del monte, acompañados de sus respectivas familias. Llevan cuatro días en casa, y en la de José Antonio rememoran los pasajes más excitantes de la primera fase de su aventura, en el Himalaya nepalí. Se muestran convencidos de que en septiembre del 98 regresarán a Galicia para contar cómo conquistaron las 14 cumbres más altas del planeta. Los dos hermanos han abierto para este diario su libro de notas y, a través de las palabras, imaginan de nuevo su estancia en la terraza de la Tierra: el Himalaya (la 'Morada de los dioses', según los nativos).
Llegada a Katmandú
"Salimos de Santiago hacia Katmandú el 20 de agosto, en compañía de Joaquín Carril, Alejandro Rocha y Julián Rodríguez. Una vez allí, hay que sacar permisos para subir a las montañas (1,5 millones de pesetas por cada una). Después, tienes que buscar un cocinero, para que te prepare la comida en el campamento base. El alimento básico en Nepal es el dhal-vatt (arroz con lentejas y verdura). En nuestro caso, no utilizamos sherpas (guías nepalíes) porque no los necesitamos. El cocinero, al mismo tiempo, hace de gestor para contratar porteadores y de acompañante del oficial de enlace que le envía el Gobiemo para controlar que subes a la montaña solicitada. Éste también se encarga de comunicar los accidentes".
Ascensión al Dhaulagiri
"Un autobús nos llevó hasta Pokhara, a 160 kilómetros de distancia, en un viaje que dura ocho horas. Después hicimos andando la aproximaci6n al Dhaulagiri, porque queríamos entrenar un poco. Nos llevó cuatro días. Llegamos a Marpha y allí dejamos las cosas que no necesitábamos. Sobre el l de septiembre comenzamos la aclimatación: subir y bajar hasta un collado de 5.300 metros. Una vez que nos encontramos bien, fuimos al campo base (a 4.700 metros de altura)".
"Las aproximaciones a las montañas duran entre tres y cuatro días, con porteadores. Solos andamos más rápido porque ellos tienen estipulado caminar seis horas diarias, ya que llevan cargas de 30 kilos, mientras que nuestras mochilas sólo pesan 10 kilos".
"En el Dhaulagiri tuvimos que abrir la ruta: marcar el camino con cañas de bambú de 1,25 metros de altura, con un paño rojo, para saber por dónde regresar. También se señalan los puntos donde existe peligro. Hicimos una noche de aclimatación sobre 5.700 metros. Después, bajamos al campo base y volvimos a los dos días para intentar alcanzar la cumbre. Al llegar a los 7.500 metros decidimos bajar porque no estábamos en forma todavía. A los dos días volvimos a subir y, cuatro después, hicimos cumbre: hasta los 5.800 metros, el primer día; en el segundo llegamos a los 6.800; en el tercero, a 7.500; y en el cuarto, cumbre, a 8.172 metros. Era el 24 de septiembre. No tuvimos problemas porque hacía buen tiempo (como mucho diez grados bajo cero)".
Condiciones de vida
"Nuestro horario fuera de la tienda suele ser de ocho de la mañana a seis de la tarde. Sobre el mediodía paramos para comer y beber. En ese momento comemos algo frío porque no podemos preparar nada. Te tomas lo que llevas en la mochila: un trozo de queso, por ejemplo, y algo de beber. Al final del día paramos a descansar. Hacemos un sitio en la nieve para montar la tienda. No llevamos libros, ni radio, ni música, porque cargar medio kilo de más supone mucho esfuerzo en la montaña. Una vez que nos acomodamos en la tienda, preparamos la comida con una cocinilla de gas propano. Para ello. tienes que derretir la nieve y, después, calentar lo que sea. Con esto te pasas dos horas, porque allí arriba cuesta más cocinar porque falta el oxígeno. Sobre las seis de la mañana nos despertamos y preparamos el desayuno: café con leche y cereales. Para desperezarse, vestirse y desayunar invertimos otras dos horas. Comienza la jornada".
Intento al Annapurna
"Ya en la aproximación al Annapurna (8.078 metros) empezó todo mal, con bastantes problemas: había mucha nieve, los porteadores se retrasaron un día. Iban mal equipados, sufriendo mucho. Uno de ellos se cayó, se perdió la carga de queroseno y tuvimos que cocinar con leña. Además, un gato de la montaña nos comió parte de la comida. Intentamos subir, pero la nieve nos cubría hasta la cintura. Entonces decidimos bajar porque aquello estaba muy mal, con muchos aludes".
El gran alud
"Volvimos a intentarlo otra vez. Fue cuando nos sorprendió el alud más grande. Estábamos a 6.300 metros, al principio de una pared vertical. Sentimos un ruido de arriba y vimos una nube, que nos anunció la avalancha de nieve. Entonces, intentamos resguardamos y anclarnos bien. Cuando estaba encima nuestra ya nos habíamos situado bien y esperamos a que se fuera. Tardó entre uno y dos minutos en pasar por nosotros. No sientes miedo. Lo único que deseas es que acabe de una vez. Es lo que estás pensando. Lo que sucede allí es lo que se vio por televisión. Era una avalancha de muchas toneladas, pero a nosotros nos cogió en un lateral, donde hay menos cantidad de nieve. Es una de las avalanchas más grandes que vimos. Es más grande de lo que parece en las imágenes de televisión. Decidimos que había que dejarlo para otro momento".
El Cho-Oyu
"De ahí bajamos al Cho-Oyu (8.201 metros), donde encontramos buenas condiciones; además, no es un monte técnicamente difícil. Tuvimos realmente suerte porque fue llegar, encontrar buen tiempo y hacer cumbre (ocurría el 6 de noviembre). Era la segunda tarta de chocolate del cocinero, porque allí es una costumbre este postre cuando se hace cumbre".
"Después nos dirigimos al Shisha Pangma (8.046 metros). Fuimos por Nepal, en vez de por el Tibet. Cuando llegamos hacía buen tiempo, pero dos días después comenzó a nevar. Y allí fue una sucesión de días buenos y de tormenta. Se fue acumulando la nieve y teníamos que pasar por un glaciar pedregoso, pero entrañaba mucho peligro porque no se veían las piedras. Te podías partir una pierna. Ni a la pared llegamos. Optamos por adelantar el regreso a Galicia. Así volveremos al Himalaya antes de lo que teníamos previsto en un principio (sobre el 2 de enero). Ganaremos tiempo en el Manaslu (8.163 metros), nuestro siguiente objetivo".
La compañía del teléfono
"Necesitábamos el teléfono para vender nuestra aventura, para comunicarnos con la prensa y que hiciera un seguimiento puntual. Contar la noticia una vez que regresas, pierde efectividad. Lo que queríamos era que la gente viviese con nosotros esta expedición, que fuese una historia también de ellos. Que supiesen de nuestras penurias, de nuestros éxitos y de todo lo que allí pasa. Incluso tu familia está más tranquila porque en todo momento sabe lo que estamos haciendo. Te alegra hablar con tus hijos, padres o hermanos desde tanta distancia. Por eso nos gustó la idea de llevar los teléfonos, a pesar de que tienes que cuidar las baterías, dormir con ellas para que no se descarguen. Pero al final te compensa. Todos los días recibíamos llamadas, entre las seis y las nueve de la noche, hora de Nepal. La sorpresa más grande fue la llamada de Manuel Fraga. Era un sábado. Estábamos en el Dhaulagiri y todavía no habíamos hecho cumbre. ¡Ya está hecho! ¡Ya está hecho! Él ya lo daba por superado. ¡Tranquilos!, nos decía. Fraga volvió a llamarnos cuando hicimos cumbre en el Dhaulagiri".
Repercusiones
"Desde el principio, el proyecto no era creíble por la gente a la que pedíamos ayuda económica. No te dicen que estás loco, pero no te hacen mucho caso. En 1996 decidimos ascender la pared sur del Aconcagua y el Everest. Ahí se comenzó a creer más en el proyecto, pero sigue habiendo recelos. Lo que nos sorprende es el seguimiento de los medios tras la avalancha: unas imágenes que dieron la vuelta al mundo. Pero esto no es nada. La repercusión va a ser enorme cuando vean que llevamos cuatro, cinco, seis... cumbres".
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