Luns, 15/12/97


Tras salvar la vida de milagro en un alud,
ya piensan en volver al Himalaya

Los Novas adoran el riesgo


RAQUEL SÁNCHEZ. Vigo

Los hermanos José Antonio y Jesús Martínez Novas regresaron el martes a 0 Porriño después de casi cuatro meses en la cordillera del Himalaya. Durante ese tiempo desarrollaron la primera fase del proyecto Galicia. Desafío 8.000. Los Martínez Novas pretenden escalar las catorce montañas que superan los ocho mil metros de altura. Tuvieron éxito en las ascensiones al Dhaulagiri y al Cho-Oyu, pero debieron abandonar la escalada al Annapurna. Una avalancha estuvo a punto de terminar con su aventura. "Nos cayó de una pared de 2.000 metros que tenía un ancho de mil, tuvirnos suerte", cuenta José Antonio. "Pero eso no es lo peor que me ha pasado en una montaña. En los Alpes, en el 84, estábamos durmiendo en un pico y sobre las doce de la noche comenzó una tormenta eléctrica. Me dieron dos descargas, la segunda fue la peor: estuve varios días paralítico de cintura para abajo".


Peligro
     Pese al riesgo, Jesús insiste en que el alpinismo no es un deporte excesivamente peligroso. "Uno de los objetivos que perseguimos con el Desafío 8000 es demostrar a la gente que la montaña no mata hombres. Pretendemos desmitificar la montaña que, desde luego, no es ningún ogro". En Porriño no hay quien se resista a esbozar una sonrisa de satisfacción cuando algún forastero pregunta si es aquí donde viven los hermanos Novas. Y es que Jesús y José Antonio se han convertido en héroes para sus vecinos. Aunque, por ahora, ninguno se ha atrevido a acompañarles. Ellos comparten su experiencia en el Himalaya y advierten a los neófitos. "Los nepalíes le están sacando provecho a sus montañas -dice Jesús-. Aquello ha cambiado mucho en los últimos diez años, han hecho multitud de rutas de senderismo para hacer trekking, también para hacer rafting... para todo. Además, cobran muchísimo".
     Los Martínez Novas quieren desmitificar la montaña, pero no pretenden ocultar las dificultades que rodean a la práctica del alpinismo y de aventuras tan arriesgadas como la suya.


Dinero
     Los problemas comienzan antes de echarse a andar. "Los permisos son carísimos. El gobierno nepalí nos obliga a tener un permiso para cada montaña. Además, un oficial de enlace tiene que venir con nosotros para certificar que efectivamente vamos a ese pico -relata José-. Todo esto supone unos gastos económicos que rondan los 30 millones de pesetas. Y, aparte, tenemos que pagar a los porteadores y unas cincuenta mil pesetas de comida, esto es lo más barato". La comida, sin embargo, les creó algún que otro contratiempo. Los Novas estuvieron auxiliados por un cocinero nepalí. "Nos daba repollo, coliflor... todo muy rico, aunque la poca carne que comimos estaba muy seca -dice José-. Me dio la lata una diarrea cuando estábamos casi culminando una de las ascensiones. Pero no fue algo importante. El botiquín sólo lo utilizamos para coger alguna aspirina". También combatieron el aburrimiento cuando el tiempo les impedía avanzar y sufrieron para aclimatarse a la altitud. "La verdad es que el cuerpo humano es increíble -cuenta Jesús-: No es que seamos unos fuera de serie. Pero aquello es muy duro. Lo que recorremos en una hora a nivel del mar nos lleva cuatro o cinco en el Himalaya".
     Después de más de cien días de esfuerzo y del susto en el Annapurna, los hermanos Martínez descansan en sus casas. El desafío sigue pendiente, pero tendrán que esperar unos meses para regresar al Himalaya. José lo está deseando. Jesús se muestra reticente. "Creo que ya no volveré. Mi familia sabe lo que la montaña significa para mí. Ya practicaba el alpinismo antes de casarme y mis hijos lo ven como algo normal. Pero ahora no estoy muy animado, mi hermano seguro que Io seguirá intentando".
     José no se rendirá, aunque reconoce que "estar cuatro meses fuera de casa quema mucho, personalmente no eché nada de menos... gracias al teléfono, pero mi hennano sí tuvo morriña y quizá eso le hace pensar así". Los Martínez Novas han completado la escalada a dos de las catorce cumbres que pretenden ascender. Durante el próximo año, José Antonio continuará la aventura más ambiciosa del alpinismo gallego. "Lo del alud fue demasiado -recuerda-, no había visto antes uno tan grande, así que lo mejor era dejarlo por ahora, pero insistiremos".


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