Xoves, 25/09/97


Los montañeros porriñeses estuvieron acompañados
por el orensano Julián Rodríguez

Los hermanos Martínez Novas coronan el Dhaulagiri, su primer objetivo en el Himalaya
Los montañeros porriñeses José Antonio y Jesús Martínez Novas acompañados por el orensano Julián Rodríguez consiguieron coronar a las tres de la tarde (hora local, las once de la mañana en España) la cumbre del Dhaulagiri (8.172 metros), el primero de los objetivos de su reto por hollar en sólo un año catorce "ochomiles" del Himalaya. Tras hacer cumbre, descendieron con rapidez hasta los 7.500 metros para reponerse e iniciar, hoy, el descenso
hacia el campo base.


PILAR PIÑEIRO. Porriño

Serían aproximadamente las tres de la tarde de ayer, en el Himalaya nepalí, alrededor de las once de la mañana en España, cuando los hermanos porriñeses José Antonio y Jesús Martínez Novas y su compañero de expedición, el orensano Julián Rodríguez, clavaban sus tacos en la helada cumbre del Dhaulagiri, a 8.172 metros sobre el nivel del mar.
     Para alcanzar su objetivo habían partido del campamento instalado a 7.500 metros de altitud con las primeras luces del día, alrededor de las cinco de la mañana.
     Antes de salir, desayunaron y se comunicaron por walkie-talkie con su compañero de expedición Alejandro Rocha, que permanece como retén a 6.000 metros de altura desde que la expedición se separara, el pasado lunes.
     "Salieron muy animados y seguros", aseguró Rocha. Además, el tiempo estuvo muy bueno a lo largo de todo el día, completamente despejado hasta bien entrada la tarde (mediodía en España).
     A media mañana, Rocha dejó de verles escalando la arista que les conduciría a la cumbre y esperó pacientemente en su puesto, aunque algo en su interior le decía que las cosas iban muy bien. Fiel a la consigna marcada por la organización y viendo que, tal y como habían preestablecido los Martínez Novas y Julián Rodríguez no se habían reunido con él como estaba previsto si no conseguían hacer cumbre, Alejandro estableció contacto con sus compañeros a la hora fijada, las nueve de la noche nepalís (las cinco de la tarde en España).


Reir de felicidad
     En ese momento se enteró de que el Dhaulagiri había sido coronado. Alejandro sólo pudo reír de felicidad, darles la enhorabuena y poco más. No podía hacer otra cosa. Era consciente de que debía dejarles descansar.
     "Estaban felices y agotados; cuando hablaron conmigo ya estaban metidos en el saco de dormir en la tienda que habían dejado instalada a los 7.500 metros y por eso no conozco muchos más detalles, sólo que subieron y que bajaron muy rápido para reponerse", fue lo único que acertó a relatar Alejandro Rocha cuando hizo uso de su teléfono vía satélite para transmitir la hazaña a Galicia.
     Alejandro no supo decir si, conforme a lo previsto, quedaron clavadas en la cumbre del Dhaulagiri las banderas de Galicia, de Porriño y de las tres diputaciones que apoyan su aventura.
     Atrás quedaban casi dos días de larga caminata y escalada sobre nieve y hielo.
     El pasado lunes, nada más despuntar el sol, los tres montañeros dijeron hasta luego a Alejandro Rocha e iniciaron el camino hasta la cota de los 6.900, donde pernoctaron esa noche.
     A primera hora de la mañana del martes iniciaron el camino hasta los 7.500 metros de altitud.
     La ruta de los montañeros, por la cara noreste de la montaña, discurre por un espolón perfecto de casi tres mil metros de altura, que comienza en la cota 5.800.
     La colosal arista de hielo y nieve ofrece la enorme dificultad de ser asolada permanentemente por vientos, cuyo peligro no reside tanto en su intensidad como en que origina espectaculares bajadas de temperatura.
     Así, soplando el viento a una velocidad de sólo diez kilómetros por hora, la temperatura puede bajar hasta los cuarenta o cincuenta grados -a tales altitudes la temperatura habitual en condiciones climatológicas buenas ronda ya los treinta grados bajo cero-. La congelación es un duro rival.
     En su caminar hacia la cumbre, los montañeros gallegos se encontraron con una dificultad añadida: eran la única expedición que actualmente desafiaba al Dhaulagiri, con lo que se vieron obligados a marcar la ruta y no se encontraron, por tanto, con las cuerdas que suelen dejar colocadas otras expediciones, por lo general más pesadas.


Escalada libre
     Y es que los gallegos practican la escalada libre, que se caracteriza por su ligereza y por no utilizar cuerdas en su ascensión para dotarla de más rapidez, lo que se consigue aliviando el peso pero implica un mayor riesgo de accidentes.
     Por eso, cada montañero únicamente porta a sus espaldas unos diez o quince kilos de carga, en la que se incluyen la tienda, ropa de abrigo o butano para calentar la comida y preparar infusiones y sopa, que evitan tanto la deshidratación como los peligros que supone el que se espese la densidad sanguínea como consecuencia de la altitud. Además de eso, azúcares, chocolates, sales y la cámara de vídeo, que porta José Antonio Martínez para inmortalizar los tránsitos por las alturas. El material que filma se unirá, posteriormente, a las imágenes captadas por la cámara digital de la que se encarga Alejandro Rocha.
     La coronación de ayer se produce tras un intento frustrado la pasada semana, cuando tras alcanzar los 7.500 metros, los montañeros se notaron todavía mal aclimatados y decidieron regresar al campo base un par de días para reponerse antes de iniciar el ataque definitivo, que ayer concluyó con éxito.
     De cumplirse los planes de la expedición, después de descansar la pasada noche en su campamento a 7.500 metros, los montañeros se encuentran hoy con Alejandro Rocha y, juntos, inician el descenso hasta el campo base, a 4.700 metros, con la mente puesta en el segundo de sus objetivos, el Annapurna (8.078 metros).
     "Está muy cerca del Dhaulagiri y desde él se ve perfectamente", comenta Joaquín Carril, montañero vigués y entrenador de la expedición que hubo de regresar a Galicia la semana pasada por un leve problema físico.
     Para Carril, el Annapurna, a sólo cuatro días de camino del Dhaulagiri, es un objetivo complicado y peligroso por el riesgo de aludes que presenta.


La cumbre, el mejor regalo
de cumpleaños para Miguel

     Miguel, el hijo mayor de José Antonio Martínez Novas, cumplía ayer diez años y no pudo imaginar que su padre pudiera haberle hecho un regalo mejor que plantarse cerca del techo del mundo.
     Geni, esposa de José Antonio, telefoneó ayer al Dhaulagiri para recordar a su marido la celebración familiar, en la entera seguridad de que eso le daría ánimo y suerte para seguir.
     Tanto Geni como su cuñada, Pili, no se podían creer a media tarde de ayer que la cumbre del Dhaulagiri fuese ya una misión cumplida por sus maridos, convencidas de que el ataque a la cumbre se produciría aún hoy.
     "Aún no me lo puedo creer, estamos contentísimas", comentaba Pili, que se pasó todo el día de ayer esperando que alguna de las llamadas que se recibieron en su casa fuese la de Jesús.


"Sabía que lo conseguirían y
me gustaría estar con ellos"

     Joaquín Carril, el montañero vigués que formó parte de la expedición gallega al Himalaya hasta la semana pasada, estaba ayer feliz por el éxito de sus compañeros. "Sabía que lo conseguirían porque están muy fuertes". Carril, que ya fue compañero de cordada de José Antonio en su primera expedición al Himalaya, en 1994, y en que la actual actúa como preparador físico, asegura que "ellos saben que se lo juegan todo en esta primera fase, porque de ella depende la continuidad del proyecto". Carril, aunque alegre, se reconoce "un poco envidioso por no estar con ellos allá arriba".


Barros: "Son un orgullo para
Porriño y para Galicia entera"

     El alcalde de Porriño, José Manuel Barros, aseguró ayer sentirse "enormemente orgulloso" de la hazaña realizada por los hermanos Martínez Novas al conseguir coronar el Dhaulagiri. Barros felicitó a los montañeros porriñeses "no sólo como alcalde sino en nombre de la corporación y de todo el pueblo de Porriño porque lo que ellos consiguen es un orgullo para Galicia entera".
     Barros deseó, además, suerte a los montañeros en su intento de coronar otras trece cumbres en el Himalaya. "Estoy seguro de que lo conseguirán, porque les conozco y sé de su enorme talla deportiva", dijo.


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