ACONCAGUA DOS DÍAS
EN LA PARED SUR


Miguel LÓPEZ DOMÍNGUEZ


     12 de diciembre de 1982. Toni no puede salir; yo me voy, no aguanto más aquí.
     Papeles, cartas sin firmar; no quieren avalar la expedición.
     Dicen que en Madrid dijeron: ¿a dónde van sin paraguas?
     Todo un rollo, qué desilusión, qué mierda...
     En Madrid cojo el avión para Mendoza, donde me junto con otros dos españoles; después de arreglar el papeleo y comprar comida, el día 21 de diciembre llegamos al campo base Plaza de Mulas (4.200 m.).
     A 5.200 metros hay un italiano enfermo; al día siguiente subimos y ayudamos a bajarlo; el coco se nota por la altura.
     Días después intentamos la cumbre; el 27 de diciembre llegamos a 6.200 metros. Los otros dos españoles suben un poco más, pero luego bajan; el tiempo es malo y decidimos bajar a Mendoza a pasar el fin de año.
     Espero a Toni. Llega el 5 de enero.
     Hemos comprado algo de comida. Subimos hacia Plaza de mulas (campo base).
     Toni se encuentra mal y baja a Puente del Inca; yo sigo, y me lastimo el pie por Playa Ancha.
     Tres días después me encuentro en Mendoza, enyesado (esguince y pequeña fisura). ¡Vaya, pues sí que he metido la pata!
     Toni debe estar por el campo base.
     El día 19 de Enero llega a la cumbre por la ruta normal.
     Días después baja y me visita. Está unos días conmigo y se marcha.
     Yo pensaba subir así; aquí uno se aburre. Toni ayuda a convencerme. El 29 de enero me quitan el yeso.
     El 4 de febrero estoy en el campo base.
     Encuentro a Toni; al día siguiente sube a dormir a 5.800 metros. Desde aquí a la cumbre, por la ruta directa del Glaciar de los Polacos, se llega en ocho horas desde el refugio Berlín.
     El 9 de febrero sube por la ruta normal, de un tirón, y baja a Mendoza. Yo subo el día 17 de febrero, por la normal; a las 7,20 llego a la cumbre. Había salido del R. Berlin a las 2,30 de la tarde; Toni, ya de vuelta, me acompañó hasta el pie de la canaleta; tenía un gran catarro y se bajó por el acarreo.
     Días después llevamos el equipo a Plaza de Francia (4.100 m).
     23 de febrero. Ayer los tíos de Toni estuvieron en Puente del Inca y mandaron recado, por un arriero, de que Toni bajase con urgencia.
     Vaya susto que nos dieron; les habían dicho que Toni estaba muy mal. Se equivocaron; era todo lo contrario.
     —Más rápido que las mulas -decían los yanquis.
     Cogimos unas mulas para aprovechar el buen tiempo; con nosotros subió un italiano que quería sacar unas fotos en Plaza de Francia.
     Un zorro se acercó para comer, guardando la distancia. Los arrieros ya estaban con la calculadora; les interesaba su piel colorada.
     Si la noche está estrellada, nos levantaremos a las dos.
     24 de febrero. No nos hemos levantado, por las nubes. Toni sube al mediodía por el espolón. El italiano ha pasado la noche con nosotros; saca fotos y se marcha. Por la tarde, llegan unos yanquis (Peter, Tom y un surafricano).
     Toni ha regresado. Me cuenta. Por la noche lo dejamos todo preparado. 25 de febrero, dos de la mañana.
     Desayunamos, caminamos hasta el comienzo de la pared; a las tres, comenzamos por la izquierda del espolón rocoso, una pala de hielo de unos 45°; subimos sin cuerda. La cima está cubierta por una nube; no estamos seguros de si es el famoso hongo del Aconcagua. Decidimos que si se pone malo bajaremos.
     Toni conoce el primer tramo; sube muy rápido; me espera en el espolón de rocas. Por el espolón hay tramos de cuerdas fijas; en un tramo de 30 metros desconfiamos y nos atamos. Pasado éste, volvemos a guardar la cuerda.
     Comienza a amanecer. Nos encontramos debajo de las grandes torres; nos atamos para escalarlas. Siempre que podemos nos ayudamos de las cuerdas fijas.
     Colgarse de ellas es un mosqueo: las piedras que caen les producen cortes, aparte deben de tener su tiempo.
     A las 9 de la mañana nos encontramos en el principio del primer campo de hielo. Tardamos tres horas en cruzarlo; al comienzo, los pequeños penitentes hacen lenta la subida.
     A las 12 del mediodía nos encontramos bajo el espolón de rocas, en una repisa artificial excavada en el hielo; la debieron hacer para las tiendas.
     Calentamos sopa, tomamos té y algunos alimentos.
     Nos encordamos y continuamos por el espolón; de éste cuelga la barrera de seracs. Pensamos que, dentro de lo malo, este tramo de roca puede ser el mejor.
     Nos encontramos entre los seracs. Hemos recogido la cuerda y subimos por una pendiente suave. Buscamos una grieta de la cual nos hablaron los últimos yanquis que hicieron la pared; la entrada de la grieta es por una placa de hielo: sólo son diez metros, 80° - 70° - 60°.
     Hemos pasado la barrera de seracs; estamos en el glaciar superior; serán las 4.
     Estamos contentos porque vemos la salida; mañana saldremos.
     Caminamos hacia la rimaya de la ruta directa (Sudtirolesa).
     A las 6 de la tarde estamos debajo de una cueva de hielo situada en medio del glaciar; hacemos el colchón con las mochilas y la cuerda. Le paso la chaqueta de plumas a Toni, se la pone en los pies y se mete en la funda vivac; yo tengo el saco. Comemos algo e intentamos dormir.
     26 de febrero. He dormido muy poco; a Toni ni se lo pregunto. Desayunamos y a las 9 nos ponemos en narcha; el tiempo va empeorando a medida que subimos.
     Quedan unos 800 metros hasta la arista del Guanaco; nos encontramos en un largo del mixto, saliendo de éste, y subimos por la pala de hielo en línea recta hacia la arista, pasando entre un muro de roca y unos seracs colgantes. En este tramo la pala de hielo coge más inclinaci6n: 65°.
     Toni lleva un largo rabo: la cuerda. Ahora me toca llevarla a mí. La recojo y la guardo.
     Por aquí arriba se nota el peso. Ya hace unas horas que la niebla tapa; el viento levanta la nieve. Lo que más nos molesta es pensar que puede cambiar el tiempo.
     Sabemos que estamos cerca de la arista; descansamos cada 20 metros. Le digo a Toni:
     —Pasa delante.
     Levanto la vista, ya no está. Ahora se asoma, me dice algo, ¿qué?...
     —¡Hemos llegado! -estoy a su lado en un momento; me convenzo.
     ¡Qué alegría! Sacamos fotos.
     Esta vez no pisamos la cima; nos importa poco. Hemos hecho la pared sur.
     Son las 4,30 de la tarde. Buscamos la canaleta y bajamos a Plaza de Mulas. Pasamos la noche con unos amigos argentinos.
     27 de febrero. Por la tarde nos vamos. Subimos a Plaza de Francia a recoger el equipo; los yanquis deben de estar en la pared. Bajamos a dormir al trekking, cerca de la Confluencia, con nuestro amigo Ignacio (el guarda).
     28 de febrero. A mediodía bajamos con todo el equipo a Puente del Inca.
     —¡Adiós, Aconcagua, adiós! -nos dice algo...
     Ha terminado todo lo bueno. Ahora tendremos que aguantar las falsas sonrisas y los apretones de manos de los que antes te cagan en la vía o hablan mal de uno dando pésimas referencias. En Galicia, de expediciones, la que no canta, baila; sí, ya sé que esto ocurre en muchas partes; no es justo. ¿Por qué callarnos, entonces?
     Ahora, aquí, se enrollan de lengua; -felicitaciones, sí; ¿pero, y el dinero que debemos, qué?-. Y pensar que hay a quienes se lo dan para que vayan de vacaciones y a otros para comprar chupachups -así lo han dicho ellos-. Pero la vida sigue. Por la buena marcha de ella, en algunos momentos mejor no nos desmoralicemos...


Algunos datos de interés:
     Ascensión realizada por José A. Martínez Novas y Miguel López Domínguez el 25 de febrero de 1983. Era la primera vez que se conseguía superar la pared Sur por la salida directa Messner con un solo vivac.
     El Aconcagua se emplaza en la República Argentina, en el Departamento de Heras, de la Provincia de Mendoza. Posee una altitud de 6.959 metros y es la mayor alltura de todos los Andes.
     Desde el Campamento Base, el desnivel total recorrido es de 2.859 metros.


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